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Actuar sobre el cisne negro, ¿... o esperando la carroza?

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Raúl Ochoa, Clarín, 13 de marzo de 2020

Hasta ahora todo lo llevado a cabo por el Gobierno ha tenido como objetivo central y primordial la renegociación de la deuda a finalizar, en teoría, hacia fines de marzo y luego, ya conocido el resultado, dar a conocer un plan económico para los cuatro años de gestión.

Es por esa razón que las metas fijadas en materia de congelamiento de tarifas, combustibles, montos pautados de aumentos para trabajadores activos y jubilados expiran en junio y lo que se ha sancionado en materia de ajuste fiscal, mayores impuestos a sectores medios; suba de retenciones especialmente de base agraria y ruptura del pacto fiscal con las provincias, sin la menor corrección a la baja del gasto – al contrario creando más ministerios siguiendo la ruta de su antecesor – tenderían al equilibrio primario, antes del pago de intereses de la deuda, reducir el ritmo inflacionario y una mensurable recuperación del consumo.

En materia de comercio internacional, la única medida relevante aparte de aumentar los derechos de exportación, ha sido incrementar el número de licencias no automáticas, solicitar planes de importación para el período 2020/22 (?); dicho en otras palabras más medidas defensivas para la industria, sin contrapartida de compromisos ya sea de mayores inversiones, aportes en tecnología o en empleo y capacitación.

Todo indica que este plan de coyuntura, basado en el supuesto de una negociación de la deuda rápida y “amigable”, actualmente carece de fundamento al haberse esfumado las posibilidades de su cierre al 31 de marzo y lo más probable como nos ha sucedido en episodios anteriores es que estas tratativas se extiendan durante todo el primer semestre como mínimo A esa casi certeza, se le agrega ahora un “cisne negro” el coronavirus o Covid-19, que más allá de que nadie a ciencia cierta puede dar precisiones sobre todas sus consecuencias y probable duración, ya ha provocado vastos daños económicos en China y los países de Asia-Pacífico que la rodean, afectando innumerables cadenas de valor cuyo efecto inmediato más visible es la emisión por las entidades chinas de decenas de miles de certificados solicitados por empresas que aducen “causa de fuerza mayor” ante el incumplimiento de sus embarques en tiempo y forma.

Sí ya sabemos que los servicios vinculados al turismo y negocios internacionales están y estarán afectados por un período prolongado que puede abarcar todo este año. Las caídas en las bolsas de valores, la depreciación de las monedas de los países emergentes y el menor valor de las materias primas: petróleo, metales y productos agrícolas son indicadores de un muy posible proceso recesivo y de refugio en valores de mayor calidad “flying to quality” que aprecia el dólar y Bonos del Tesoro de EEUU a 10 años que pasaron en términos reales de pagar 1,80 % de interés anual a principio de año a un módico 1,18 % actual.

Este cisne cayó en un escenario global ya de por sí complejo, donde la guerra comercial tecnológica entre EE.UU. y China pegaba seriamente: los indicadores de comercio mundial 2019 señalaban bajas de volumen y de valor segando uno de los principales motores del crecimiento Yendo a un ejemplo cercano y muy significativo para nuestra economía, el real brasileño cotizaba a 4,02 por dólar al cierre del 2019 y actualmente está 4,58 con una inflación estimada del 3 % anual y siendo la tasa interés de referencia de su Banco Central 4,25 % año. Resulta evidente que nuestro vecino y socio comercial está dejando - como muchos otros países - que su moneda encuentre un nuevo equilibrio, devaluando para que sus exportaciones no mermen y de esa manera no perjudicar el balance de pagos por esta vía. Al mismo tiempo, facilitando el proceso de inversiones al abaratarse en dólares los activos brasileños.

Hasta ahora, la Argentina no responde a este cisne negro que ha modificado sustancialmente el escenario internacional, no hay plan más allá de lo esperado de la renegociación de la deuda.

Al contrario, se ha dejado sin cumplir lo prometido en cuanto a un régimen de promoción para las inversiones en petróleo y gas especialmente en lo atinente a Vaca Muerta – proyecto de ley que se pensaba tratar en las sesiones extraordinarias ya finalizadas - , otro para las explotaciones mineras incluido el litio, el estímulo previsto a las inversiones mediante la desgravación en el impuesto a las ganancias de la amortización acelerada de los nuevos bienes de uso incorporados a la actividad productiva, los nuevos desarrollos en bioeconomía, el mejor trato tributario y laboral para las economías regionales y muchas más acciones para generar trabajo y empleo que nos hace falta y mucho y de paso reducir planes sociales Llevamos 18 meses de caída ininterrumpida de la actividad en industria, comercio y construcción con cifras de intercambio comercial lamentables por su pequeñez, más allá de que sea con balance positivo.

La “sostenibilidad” de la economía se logrará con mayor recaudación producto de mayor consumo, inversiones y el aumento de las exportaciones e importaciones y esto requiere un plan que asuma el cambio de escenario internacional, efecto del “cisne negro”, propositivo y agresivo en su concepción, acorde a las circunstancias, y que transmita la posibilidad de salir del status quo recesivo deprimente que hasta ahora sólo “espera la carroza” de la deuda.

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