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Aprender del modelo Nokia y el malbec

De FUNDACION ICBC | Biblioteca Virtual

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La Nación, Suplemento de Comercio Exterior, 30 de agosto de 2016

Por Florencia Carbone


Eduardo Levy Yeyati habla del modelo Nokia y del modelo Malbec.

"Desde el punto de vista productivo del país tiene dos objetivos principales: agregar valor a las materias primas o vender algo que sea esencialmente caro. Vendemos cosas baratas o productos regionales subsidiados, que es poco sustentable. Además, tenemos que agregar valor a nuestra mano de obra, pero simultáneamente se ve el deterioro que ha tenido en el tiempo nuestro material humano, y lo que será, porque los ingresantes a la fuerza laboral dentro de 10 años serán inferiores (en calidad) a los de hoy. Necesitamos crear trabajos de calificación media", dice.

Comenta luego que desde el punto de vista de los modelos para exportar y tener competitividad, suele citar dos ejemplos -altamente reduccionistas y no necesariamente escalables-: el Modelo Nokia del que habla Ricardo Hausmann. Cuenta cómo en Finlandia empezaron a cortar árboles, que es lo que les sobra, pero además de hacer muebles se desplazaron transversalmente y empezaron a construir máquinas de precisión para cortar árboles, instrumentos de precisión y después, Nokia. "Es algo parecido a lo que podríamos ver en el desarrollo local de máquinas agrícolas. Somos exportadores de eso y hay que ver cuánto de esto se puede escalar."

Luego habla de otro modelo "en el que fuimos exitosos y ahora tecleamos un poco", que es el modelo de agregación de valor malbec. "En los vinos partimos hace 20 años vendiendo a granel. Hoy vendemos la misma uva 10 o 15 veces más cara, con mucho valor agregado no sólo por el procesamiento sino por el marketing y los servicios. No está claro cuánto de esto se puede expandir como para traccionar el crecimiento de la Argentina pero son dos ángulos a partir de los cuales se puede pensar en empezar un perfil competitivo".

"Venderle commodities a China es integrarse por abajo, pero si le podemos vender malbec, quiere decir que en algunos sectores podríamos tratar de desprimarizar nuestro intercambio buscando mercados por arriba en términos de la cadena de valor. Ese es el desafío que tenemos: tendríamos que exportar Malbec a China en vez de soja", concluye.

Guillermo Rozenwurcell destaca que China se está transformando cada día más en un jugador "crecientemente importante" no sólo desde el punto de vista comercial sino financiero y de la IED. "Los activos chinos en el resto del mundo ya superan a los de Alemania y Arabia Saudita", dice.

Alejandro Ramos Martínez, del BID-INTAL, apunta un dato al que hay que prestar atención: "Desde que China se integró en el comercio mundial, la proporción que representa su demanda externa del total había venido creciendo en forma sostenida; pero esto se interrumpió en 2014. Durante los últimos dos años, esa proporción se viene reduciendo; es decir, la potencia del motor chino para estimular las exportaciones de otros países ha disminuido".

Jorge Castro dice que la política china después de 2009 se puede formular así: "La innovación sólo surge del sector privado y se hace mediante la creación de nuevas empresas en industrias de nuevo tipo, encabezadas por las start-ups de alta tecnología, que utilizan el comercio por Internet como plataforma de lanzamiento y venta a escala global. China intenta convertir en emprendedores a sus 900 millones de trabajadores y el instrumento de esta empresa histórica de innovación es el e-commerce. Los nuevos emprendedores online aumentan más de 4 millones por año".

China vuelve a ocupar el centro de la escena

La cuenta regresiva se acelera: en cinco días China será anfitriona de los jefes de Estado y gobierno del G20, esa suerte de club internacional que concentra 85% del PBI global, 80% del comercio y las dos terceras partes de la población del planeta. Yang Wanming, embajador de China en la Argentina, comparte con orgullo el lema de la reunión: Construir una economía mundial innovadora, vigorosa, interconectada e inclusiva. Sus palabras se escuchan durante el seminario "Oportunidades y desafíos para la colaboración Sur-Sur en el marco del G20", que la embajada organizó junto con el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec).

Más allá de lo que el diplomático dice cuando se refiere a los retos que enfrenta el mundo, como el débil crecimiento de la economía o la inestabilidad del mercado financiero, queda en claro que la cumbre que se hará en Hangzhou el 4 y 5 de septiembre es una oportunidad excepcional para que China refirme su liderazgo económico y político global luego de las dudas que generaron sus números en el último tiempo.

Yang Wanming enumeró los temas centrales de la agenda: fortalecer la coordinación de políticas y abrir un nuevo camino para el crecimiento, lograr una gobernanza financiera global más eficiente y eficaz, dinamizar el comercio e inversión internacionales y alcanzar un desarrollo inclusivo e interconectado. Reiteró en varias oportunidades la palabra "consenso", habló de la necesidad de enfocar una tarea conjunta para revitalizar la economía y estabilizar el mercado financiero global y dijo que una de las metas es abrir un nuevo horizonte para el G20.

En la misma línea, algunos minutos después, Jorge Argüello citaba al ex presidente chileno Ricardo Lagos: el G20 debe ir más allá de su rol de apagador de incendios. Cosa que, según el ex embajador ante la ONU, Estados Unidos y Portugal entre 2007 y 2015, no ocurre.

Si bien nació en 1999, el G20 cobró mayor protagonismo en 2008, cuando al estallar la crisis económica mundial, los jefes de Estado y gobierno concretaron la primera cumbre.

Argüello, que hoy dirige la Fundación Embajada abierta, fue tajante: lejos de dejar su función de bombero universal, el G20 no logra siquiera "un acercamiento a la posibilidad de una gobernanza global".

Antes, el vicecanciller Carlos Foradori había dicho que la presidencia del G20, que la Argentina asumirá en 2018, es uno de los desafíos políticos y diplomáticos más destacados de la historia reciente. "Se trata de un foro internacional clave de discusión y toma de decisiones en pos de soluciones concretas para los principales desafíos globales. La presidencia argentina se aprobó por unanimidad, lo que es un motivo de orgullo para nuestro país."

Foradori enfatizó que para la Argentina, el G20 es el principal foro de consulta y coordinación internacional. A su capacidad resolutoria -probada frente a la crisis de 2008-, se suma un liderazgo efectivo de adopción de decisiones en temas de relevancia global, dijo. Y agregó: "Nuestra participación tiene la impronta de un categórico nuevo comienzo en el relacionamiento externo, reseteando nuestra política exterior sobre la base de la convicción de que este nuevo y fortalecido dinamismo permitirá generar nuevas condiciones para el redireccionamiento de nuestra diplomacia hacia los altos intereses nacionales".

Julia Pomares, directora ejecutiva de Cippec, explicó que más allá de que a primera vista el tema pudiera parecer alejado del campo de acción tradicional de Cippec (centrado en las políticas públicas, la educación, la protección social y la gobernanza metropolitana), la experiencia muestra que el éxito de esas políticas públicas guarda una conexión directa con las condiciones que permiten el desarrollo económico.

"Estamos convencidos de que la inserción internacional y el fortalecimiento de los vínculos comerciales y productivos con los grandes actores globales constituye uno de los pilares del desarrollo económico", dijo antes de recordar que en la última década, China se convirtió en un socio fundamental para Sudamérica, y que hoy es el primer o segundo socio comercial de la mayor parte de los países de la región.

El seminario se dividió en dos paneles. El primero, "La inserción de América latina en la agenda del G20", moderado por Roberto Bouzas, rector de Udesa, y del que participaron Argüello; Jorge Castro, presidente del Instituto de Planeamiento Estratégico; y Rosendo Fraga, director de Nueva Mayoría. El segundo, "Fortalecimiento de los vínculos productivos y comerciales entre América latina y China", moderado por Marta Bekerman, directora del Centro de Estudios de la Estructura Económica de la UBA, tuvo como expositores al economista Eduardo Levy Yeyati; Carlos Moneta, experto en relaciones internacionales; Alejandro Ramos Martínez, especialista en integración y comercio del BID-Intal; y Guillermo Rozenwurcel, investigador del Area Desarrollo Económico de Cippec.

Castro cree que el G20 enfrenta una doble situación de crisis en el sistema global. Por un lado, hace tres años que la economía mundial tiene el mismo nivel de expansión (3% anual), el más bajo de los últimos ocho años, y eso coincide con un auge de la hiperliquidez global debido al vuelco del ahorro de los países emergentes (China en primer lugar) al mercado financiero internacional. Y señala otro aspecto: "Este año eclosionó el carácter contradictorio de la globalización surgida en la década del 70, que favoreció fundamentalmente a los países emergentes -los asiáticos en primer lugar-, y le permitió a China sacar a 600 millones de personas de la pobreza extrema , 190 millones a la India y 30 millones a Brasil. Al mismo tiempo, los grandes perdedores de la globalización han sido los trabajadores industriales de los países avanzados, con sus salarios estancados o en retroceso en las últimas dos décadas, con especial énfasis a partir de 2001. Y como corolario, eso desató una crisis de confianza en los países avanzados -EE.UU en primer lugar-, con un rechazo generalizado al establishment político, económico y cultural, como lo revela inequívocamente el referendo británico que optó por salir de la UE".

Fraga está convencido de que "el G20 es una gran oportunidad para América latina", porque al revés de lo que ocurrió en Naciones Unidas donde a medida que avanzó el proceso de descolonización se fue diluyendo el papel de la región, el G20 lo potenció. "Ya que la Argentina será sede en 2018 deberíamos aprovechar la oportunidad para establecer algún tipo de mecanismo formal de consulta con México y Brasil, articular políticas ya que no tenemos otro ámbito para hacerlo. Y también hay que buscar mecanismos de consulta con el resto de los países de la región". Luego comentó que América latina es la región del mundo que menos creció en 2015 y 2016, y por lo tanto, una cumbre de este tipo es fundamental.

Moneta destaca la relevancia del G20 en momentos en que el sistema multilateral de comercio se ve amenazado por los megacuerdos.

"China, Argentina, Brasil y México son países por iguales en vías de desarrollo y economías emergentes, tenemos posiciones similares frente a los temas relacionados a la gobernanza económica y financiera global. Estamos dispuestos a fortalecer la comunicación y coordinación de las políticas con las economías emergentes como América latina en el marco del G20 para adquirir un mayor derecho a voz y un mayor poder institucional, e inyectar una nueva vitalidad desde un nivel superior para la cooperación Sur-Sur", se entusiasmó el embajador Yang Wanming.

A pocos días de la cumbre, el G20 se transforma en una vidriera excepcional para que China fortalezca su liderazgo global.

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