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El Proyecto Europeo: elogio de la socialdemocracia

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Pedro Isern(*), Letras Internacionales, ORT Uruguay, 28 de octubre de 2011

Conflicto, Consenso y diversidad

Las sociedades políticas poseen distintos niveles de conflicto, consenso y disenso. El conflicto supone la abierta disputa entre dos o mas expresiones por una cuestión particular, debido a la existencia de visiones contrapuestas. El consenso supone el acuerdo entre dos o mas fuerzas políticas sobre una o un conjunto de medidas específicas. El disenso se encuentra a mitad de camino entre el conflicto y el consenso y supone una condición donde dos o mas fuerzas no han alcanzado un acuerdo pero no han transformado la disidencia en una puja abierta que se dirimirá eventualmente en un juego de suma cero.

Sin embargo, el disenso puede dividirse en dos vertientes, que significan dos visiones analíticas distintas, en alguna medida opuestas. Por un lado, el disenso es la antesala del conflicto y supone que los actores involucrados se encuentran dispuestos a confrontar en el mediano plazo con la otra parte para lograr imponer su visión. Por otro lado, tenemos un disenso civilizado o diversidad. La diversidad no solo no genera un problema a la polis sino que la enriquece al brindarle visiones distintas sobre un mismo problema o cuestión.

Si bien los niveles de consenso son importantes y los niveles de conflicto inevitables, debemos marcar la relevancia política y social que poseen los disensos civilizados o diversidad en la posibilidad de desarrollo de las naciones. En este sentido, es analíticamente relevante mencionar que el camino al desarrollo está compuesto tanto de altos niveles de consenso como de crecientes niveles de diversidad. ¿Cúal es una característica política y analítica central de la diversidad? La de actuar como un mecanismo de peso y contrapeso ante los poderes políticos constituidos. Siguiendo a Hayek, podemos pensar que la diversidad es aquella forma del disenso que supone un mecanismo espontáneo de control sobre el sistema político y económico imperante (1).

La experiencia contemporánea mas significativa es la Unión Europea o la idea de Europa. Si bien en un principio ha sido pensada como un mecanismo político para lograr evitar futuros enfrentamientos entre países históricamente beligerantes, la Unión Europea ha devenido una construcción donde su principal significado y fortaleza descansa en la diversidad de las partes. Al devenir diversas, las partes (naciones y regiones) se complementan y controlan entre si. Este mecanismo de control no había sido pensado por ninguno de los constructores de la Unión, por lo que ha sido un mecanismo espontáneo generado por un devenir imposible de dirigir por ninguna persona o grupo de personas.

La Unión Europea o idea de Europa ha construido su fortaleza en una comunidad política donde se suceden conflictos, consensos y disensos. Los disensos son las diversas expresiones que los distintos modus vivendi tienen para expresar su singularidad. Desde ese fortalecimiento de la singularidad es desde donde se ha consolidado la idea de Europa. Por ejemplo, la búsqueda de una Constitución común fue un intento de alcanzar un consenso sobre un conjunto amplio de valores y condiciones (2). Hasta el momento no ha prosperado. Esta imposibilidad o dificultad de consenso sirve como ejemplo para graficar que la fortaleza de la idea de Europa descansa no solo en el consenso sino, principalmente, en el disenso (crecientemente) civilizado que significa la diversidad. Desde esta perspectiva analítica, podemos pensar que mientras mayor sea la diversidad o disenso civilizado, mayor será la fortaleza de la experiencia europea.

Por su parte, en la búsqueda del consenso y diversidad qua ha significado la idea de Europa, podemos citar una reflexión que el economista Dani Rodrik toma de Bob Kuttner:

“Reading Adam Smith in Copenhagen -- the center of the small, open, and highly successful Danish economy -- is a kind of out-of-body experience. On the one hand, the Danes are passionate free traders. They score well in the ratings constructed by pro-market organizations. The World Economic Forum's Global Competitiveness Index ranks Denmark third (en el año 2008), just behind the United States and Switzerland. Denmark's financial markets are clean and transparent, its barriers to imports minimal, its labor markets the most flexible in Europe, its multinational corporations dynamic and largely unmolested by industrial policies, and its unemployment rate of 2.8 (2008) percent the second lowest in the OECD (the Organization for Economic Cooperation and Development).

On the other hand, Denmark spends about 50 percent of its GDP on public outlays and has the world's second-highest tax rate, after Sweden; strong trade unions; and one of the world's most equal income distributions. For the half of GDP that they pay in taxes, the Danes get not just universal health insurance but also generous child-care and family-leave arrangements, unemployment compensation that typically covers around 95 percent of lost wages, free higher education, secure pensions in old age, and the world's most creative system of worker retraining

Does Denmark have some secret formula that combines the best of Adam Smith with the best of the welfare state? Is there something culturally unique about the open-minded Danes? Can a model like the Danish one survive as a social democratic island in a turbulent sea of globalization, where unregulated markets tend to swamp mixed economic systems? What does Denmark have to teach the rest of the industrial world? ... The answers are complex and often counterintuitive.” (2)

La pregunta de Kuttner no solo involucra a Dinamarca sino a Escandinavia. La complementación entre una economía de mercado que asigna los recursos y un Estado de Bienestar que se ocupa de universalizar los beneficios de esa asignación en forma eficiente (4) revela que determinados mecanismos no solo no son incompatibles sino que potencian las distintas virtudes. Las cohesionadas sociedades escandinavas son eficientes porque presuponen universalidad y, en parte, aspiran a la universalidad porque son eficientes asignando recursos. Es un círculo virtuoso entre mercado y estado. Por su parte, no es transferible a otros arreglos institucionales porque, siguiendo a Hayek, en esa virtuosa complementación hay información tácita que solo poseen las partes involucradas y que no pueden transmitir aunque quisieran.

Podemos detallar un ejemplo donde el mercado funciona asignando y el Estado funciona universalizando eficientemente. Suecia posee un sistema de salud con cobertura universal. Todas las personas tienen derecho a una atención medica de alta calidad. Sin embargo, después de la crisis de la moneda sueca en 1992 fue necesario reformar un Estado de Bienestar que había devenido anquilosado y burocrático. Paso seguido, dentro del sistema de salud se concilió la aspiración igualitaria y universal con la aparición del derecho de las personas a elegir donde atenderse. Las personas poseen un voucher que es igual para todos. Nadie puede decidir pagar mas para obtener una mejor atención y cada uno puede elegir donde atenderse. Mientras todas las personas son iguales ante el sistema de salud, ninguna institución médica o ministerio tiene el monopolio sobre un sector o grupo. La búsqueda de igualdad y la búsqueda de libertad se complementan aquí de manera virtuosa. Mas aún, el ejemplo es relevante porque la introducción de la libre elección ha sido un mecanismo que ha contribuido, después de una crisis, a fortalecer al Estado de Bienestar o Welfare State en lugar de debilitarlo (3).

En plabras de Kuttner: “With appropriate caveats, Danish ideas can indeed be instructive for other nations grappling with the enduring dilemma of how to reconcile market dynamism with social and personal security. Yet Denmark's social compact is the result of a century of political conflict and accommodation that produced a consensual style of problem solving that is uniquely Danish. It cannot be understood merely as a technical policy fix to be swallowed whole in a different cultural or political context. Those who would learn from Denmark must first appreciate that social models have to grow in their own political soil.” (5)

Elogio de la socialdemocracia

¿Desde dónde se puede elogiar y defender una ideología política? Por un lado, obviamente, desde esa misma ideología. Sin embargo, es posible hacerlo también desde otra concepción ideológica. Por ejemplo, podemos defender y elogiar las virtudes de la socialdemocracia desde el liberalismo. Una defensa de la socialdemocracia supone compartir determinados principios.

Ello no sólo supone que entre las dos corrientes políticas podamos encontrar puntos de acuerdo. Supone en cambio que cuando se rescata a la socialdemocracia desde el liberalismo (y, eventualmente, al liberalismo desde la socialdemocracia) estamos analíticamente preguntándonos si además de los puntos en común podemos construir o re-encontrar nuevas empatías.

Si tenemos dos concepciones políticas A y B, podemos encontrar en C puntos en común. Sin embargo, un elogio de la socialdemocracia desde el liberalismo supondría el intento analítico de construir D. Mas aún, aspiraría analíticamente a construir sucesivos Ds. Primero, ¿Cómo definimos C? Como aquel ámbito o lugar político que es una mera concesión entre partes producto de una negociación entre actores con intereses diversos y opuestos. ¿Cómo definimos D? Como aquel espacio político y analítico que no responde a una negociación ni tácita ni explícita entre A y B sino que es la construcción (que puede o no comprender a C) de un ámbito anteriormente inexistente. Ex ante, no era posible prever su hipotética existencia. En este sentido, D podría pensarse como un ámbito producto de un orden espontaneo.

Es decir, un elogio de A a B no sólo contribuye a encontrar un punto C (o sucesivos Cs) sino es el camino para construir D y sucesivos Ds. En este sentido, el elogio de la socialdemocracia desde el liberalismo (o del liberalismo desde la socialdemocracia) supone la ventaja analítica de superar un statu quo que solo concibe la construcción de consensos alrededor de C.

Es necesario marcar que la aparición de D solo es posible cuando el diálogo entre A y B no solo se hace desde los puntos en común de dos ideologías sino desde el elogio analítico de una a otra y, como mencionamos, de ésta a aquella. Es decir, mientras C es un lugar neutro donde distintas concepciones pueden coincidir episódicamente, D y sucesivos Ds son ámbitos comunes donde las partes no solo toleran la diferencia del otro sino donde comprenden y celebran esas diferencias. La celebración de las diferencias no es un romanticismo tardío de la filosofía política contemporánea. En cambio, refleja la parte principal de la idea de Europa.

Para la mayoría, la vida política real supone una continua tensión entre intereses complejos, diversos y opuestos. Si bien aceptamos como válida esta premisa, podemos pensar un ámbito D donde la confrontación disminuye (sin desaparecer) porque su aparición corresponde a una forma inédita de dialogo entre concepciones políticas distintas. Como mencionamos, mientras el clásico diálogo político entre A y B se traduce en sucesivos Cs, un elogio de la socialdemocracia desde el liberalismo abre las puertas analíticas y políticas para la aparición de D y sucesivos Ds.

Sin embargo, una concepción política que celebra las virtudes de otras concepciones no solo tiene que tener un respeto por la democracia sino un compromiso con alguna forma de la democracia liberal. El encuentro analítico clásico entre la socialdemocracia y el liberalismo se ha dado en los matices que contienen y definen a la libertad y a la igualdad. Las expresiones socialdemócratas y liberales contemporáneas europeas han encontrado una forma de convivencia en la construcción de los alcances y los limites al Estado de Bienestar o Welfare State. Esta convivencia es en momentos virtuosa y en otros momentos problemática. Este elogio de la socialdemocracia desde el liberalismo descansa en parte en el intento de rescatar una coincidencia analítica básica entre ambas tradiciones: la libertad y la igualdad como concepciones esencialmente complementarias y mutuamente necesarias.




(1) Ver el clásico trabajo de Hayek, “The Constitution of Liberty”, publicado por University of Chicago Press en 1960.

(2) El filosofo alemán Jurgen Habermas reflexiona en una difundida entrevista sobre el proyecto y la identidad europea. Ver aquí. Por su parte, Habermas también ha escrito sobre la necesidad de una Constitución Europea. Ver aquí

(3) Rodrik, Dani, tomado de Tomado de Kuttner, Robert: “The Copenhagen Consensus. Reading Adam Smith in Denmark” Foreign Affairs, Marzo/abril 2008. A su vez, para una discusión sobre los beneficios del modelo nórdico para la Europa Continental, se pueden encontrar una variedad de papers en el sitio de la Universidad de Harvard

(4) El economista chileno radicado en Suecia Maurico Rojas explica parte de esta dinámica en “Beyond the Welfare State: Sweden and the quest for a post-industrial welfare model”. Timbro. 2001

(5) Kuttner, Robert. Trabajo citado.

(*) Profesor Depto. Estudios Internacionales, FACS - Universidad ORT Uruguay. Master en Filosofía Política, London School of Economics and Political Science.

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