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Nuevo escenario para los negocios internacionales

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Marcelo Elizondo, El Cronista, 22 de abril de 2020

La pandemia afectó toda la economía mundial. Y dicen K. Sneader y S. Singhal que nos empujará a una próxima normalidad (next normal): "el péndulo quizá no regrese totalmente al punto de partida". En el corto plazo el Producto Bruto mundial caerá 3% y el comercio internacional lo hará entre 15 y 30%. Pero en el mediano se avizora esa próxima normalidad mencionada con anterioridad.

No sería sencillo desglobalizar la producción sin pagar altos costos. El mundo post covid-19 no será pues menos internacional porque son supraestatales tecnologías, saber, producción y hasta las nuevas necesidades públicas. Pero probablemente haya que adaptarse a una internacionalidad mucho más compleja.

En primer lugar, aquel planeta horizontalizado e integrándose con pocas discriminaciones a través de reducciones arancelarias y facilitaciones aduaneras "para todos" podría entrar en crisis (hoy la mitad del comercio transfronterizo se produce entre países que celebraron 400 acuerdos comerciales que han llevado a la más baja tasa arancelaria en promedio en frontera en el planeta).

Pues quizá tengamos a partir de ahora un mundo más discriminativo en el que la internacionalidad perviva dentro de bloques que se basen en coincidencias culturales, políticas, valorativas.

Un segundo efecto, consecuente, sería público: las instituciones globales deberían adaptarse a este nuevo mundo (en el que el paradigma de bajar costos estará amenazado por el de crear nuevo valor).

Y, simultáneamente, los gobiernos nacionales (más que pensar en estatizar porciones de la vida particular) deberán revisar su rol en aquellas actividades "esenciales del estado" que le requerirán muchos más recursos de todo tipo (la salud pública como lo demuestra la pandemia, la educación para adaptarse al trabajo tecnologizado, la seguridad y la defensa ante temores que llegan por el aire).

La política nacional está ante una amenaza: sus materias de trabajo no son ya nacionales, sus liderazgos están amenazados por las volatilidades de todo tipo y los mercados globales seguirán funcionando y no perdonan demasiados desequilibrios. El Estado nacional ha sido últimamente cada vez más un prestador de servicios y cada vez menos un espacio territorial protegido por la soberanía. Ante ello, surge una pregunta obligada: ¿podría cambiar eso a esta altura?

En tercer lugar una nueva sensibilidad de personas más precavidas, gobiernos más alertas y empresas menos arriesgadas podría llevar a una economía internacional en la que las regulaciones cualitativas (certificaciones de estándares, normas técnicas, requisitos sanitarios, exigencias de seguridad) sean más relevantes.

Ello podría conducirnos a una plataforma internacional en la que también haya un piso de requerimientos cualitativos sobre el cual produzcan y comercialicen los más exitosos.

Una cuarta hipótesis es que se exacerbe lo que R. Baldwin llama la "cuarta globalización" (impulsada más por intercambios -entre empresas, gobiernos, entidades y personas- de valor digitalizado, cognitivo, intangible; pero menos en el ensamblamiento secuencial físico transfronterizo propio de la primer década del siglo).

Según McKinsey el capital intangible hoy genera el doble de valor anual en el mundo que el creado por el capital tangible (J. Haskel lo describe en "Capitalism without capital"). Y esto hace prever cambios empresariales: nuevos atributos que suponen adaptabilidad y ágiles virtudes ante mudanzas sustanciales y veloces (tal como lo postula Rita Gunter McGrath en "El fin de las ventas competitivas").

Y un quinto ámbito es el de la tecnologización. La robótica, la ultracomunicación global, la digitalización, la economía del conocimiento (que es por definición global) son una respuesta natural a los nuevos problemas. Y todo ello ensanchará su influencia porque será una manera de dar acceso a certezas, seguridades y nuevos adelantos y progresos.

Así, el comercio, las inversiones, las conexiones productivas internacionales (al igual que las empresas) probablemente enfrentarán movimientos hacia el futuro. Lo que no supondría una reversión nacionalista, ya que el mundo difícilmente gire hacia atrás. Pero sí nos pondrán en un camino más complejo.

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